Desde ayer estoy con un dolor de espalda importante, incomodo. Decidí reposar un poco, y evitar mayoritariamente estar con la computadora, que claramente, no me ayuda a mejorar mi postura.
En este rato largo, de unas 20 horas para pensar desenfrenadamente, me dediqué a revisar las cosas que me hacen sentirme raro cuando estoy con otra gente y las que me dan miedo.
La conclusion es bastante clara: soy una máquina de pensar, y en ciertos casos, de pensar de mas.
Me sorprende pensar, que muchas veces las cosas que quiero, son mas simples que el modelo mental que fabrico de ellas y mas espontaneas. Usted, querido lector, comprenderá que me gusta hacer música y otro tipo de cosas llamemos creativas, movilizadas, principalmente por la espontaneidad.
Hace un tiempo leí un libro llamado "Free Play" que habla un poco de lo procesos creativos y la improvisación musical. El autor diferencia claramente el "Juego Libre" que acompaña la creación de cosas (no nos importa si nuevas o no) y el proceso posterior de edición que completa, o refina la creación.
Me di cuenta, que en mi cabeza los dos procesos ocurren simultáneamente, por algún designio de un gen adicto a la concurrencia y la paralelización de procesos. Y como me gusta generarme paradigmas validos para seguir pensando mas y mas, a raiz de eso puedo explicarme, de alguna forma lógica, rebuscada e inhumana, varios comportamientos o cosas que nunca puedo lograr. O que al menos no puedo observar que logro.
Es ese proceso de autocensura constante, que no logra llevarme a intentar. Y ahi, es donde está la trampa. Porque, de las experiencias podemos aprender, y sacar conclusiones que nos ayuden a abordar otros intentos con mayor exito.
Y la pregunta de como medimos el éxito, lo dejo como tarea para el hogar. Quizás una respuesta esta justo al costado, y como sigo mirando para adelante, solamente, cual caballo con anteojeras, siga un largo trecho sin notarla.