miércoles, 20 de junio de 2007

La Barca


La barca estaba allí, en la orilla, meciéndose al compás de las olas. Su vela estaba desplegada, esperando a zarpar.
Tomó el tonel de agua y lo subió a bordo, luego volvió con un cajón de provisiones. Esa mañana había decidido ir más lejos que la última vez, más allá de la última isla.
Estaba a punto de zarpar cuando recordó que había dejado la red, sin ella no llegaría muy lejos. Revisó todo nuevamente y decidió salir. Podía oír el dulce sonido del agua contra el casco y el ruido de las aves que lo perseguían. Salio perpendicular a la costa directo hacia mar abierto, dando la espalda a su tierra natal. En su interior se despidió, llegado el caso de que no volviese.
El sol ya se estaba poniendo y no veía rastro de tierra por ningún lado. La noche empezó a llegar y con ella las primeras estrellas. Hacia el oeste había estrellas que nunca había visto. Afirmó el timón y arrió la vela, dispuesto a dormir. Soñó con tierras extrañas, nuevos valles, costas vírgenes, pero en sus sueños no se sentía completo, se veía solo, y eso, por primera vez lo atormentaba.
Despertó con el sol en la cara, muy transpirado, hizo la vela y siguió navegando hacia el oeste decidido. Lo mismo sucedió por cinco días.
Le quedaban pocas provisiones y tuvo que arrojar la red. Si la pesca era buena podría navegar una semana sin necesidad reabastecerse. Sol obtuvo un par de peces, pero de buen tamaño. Cocinó uno, pero no pudo lo, sentía en su corazón el peso de la soledad.
Al día siguiente vio otra barca muy parecida a la suya, a unas dos millas de distancia. No pudo contener el impulso de izar una segunda vela para darle alcance. Necesitaba hablar y tan solo ver a otro ser humano. Por fin comenzó a acercarse, cuando estuvo más cerca vio al tripulante de la embarcación: era una hermosa mujer.
-¿Qué hace una mujer tan bella en aguas tan profundas?-pregunto.
-Deseo llegar más allá de la última isla-respondió ella.
- Es extraño ver una mujer comandando una embarcación-
-Desde niña soñaba con atravesar el gran océano-
- Por fortuna tenemos el mismo objetivo- le dijo, y por primera vez se animó a mirarla a los ojos. Eran unos hermosos ojos, los mas bellos que había visto, y eran tan poderosos que quedo hechizado, pero llego a decirle-¿Me dejarías viajar contigo?
Ella, que nunca se había fijado en ningún hombre, lo miro y respondió-Lo mismo pregunto-
Entonces ambos callaron y sintieron como nacía el fuego. Pasaron horas con las miradas clavadas, en una conversación sin palabras, y comprendieron la extraña jugada del destino: decidieron partir hacia alguna isla olvidada. Vivieron largos años y jamás disminuyo el calor de su llama.

2 comentarios:

Tomoyo dijo...

Aaaaah! Ya leí ese cuento ^^ hace arededor de dos años n.n Me gusta!

Besos...

Joac® dijo...

Y seguramente, fue escrito para usted querida dama... ;)